La Boda que Apadrinó Cantinflas
- Maritza Villegas
- hace 16 horas
- 2 Min. de lectura

Sábado 14 de febrero de 2026.
En el esplendor de la Hacienda El Detalle, un mágico rincón, donde se tejió una historia de amor tan inolvidable como las risas que provocó el gran Cantinflas. La casa del Mimo de México se convirtió en el escenario perfecto donde dos corazones, llenos de sueños y promesas, decidieron jurarse amor eterno.
Los protagonistas de esta hermosa narración son Gabino Méndez, un valiente joven originario de Michoacán, quien en 1943 llegó a la hacienda con el rango de caballerango. Con la responsabilidad de cuidar los majestuosos equinos de alta escuela, su vida dio un giro inesperado cuando sus ojos conocieron a Francisca Salinas Tapia, una bella joven del ejido El Cuiche municipio de Ciudad Valles. Su encuentro, en una pista al aire libre durante un baile veraniego, fue un instante mágico que encendió la chispa de un amor a primera vista.
Gabino, siempre el caballero, se acercó con respeto a la madre de Francisca, solicitando el privilegio de bailar la primera pieza con su adorada hija. En esos tiempos, era habitual que las madres acompañaran a sus hijas a los bailes, y era aún más común que ellas dieran su bendición a las primeras danzas. Así comenzó su romance, a escondidas, bajo la mirada vigilante de padres que no aprobaban su amor.
El amor de Gabino por Francisca era tan profundo que, un día, lleno de valor, decidió hablar con su patrón, el ilustre Cantinflas. Con su característico humor y sabiduría, el comediante le dijo: “Péinate, mi chato, porque vamos a pedir la mano de Panchita". Con este apoyo incondicional, los padres de Francisca, sorprendidos y agradecidos por tener a tan ilustre padrino, aceptaron de inmediato, proponiendo que la celebración de su amor tuviera lugar en la encantadora Hacienda El Detalle, con el mismísimo Cantinflas como testigo y padrino de honor.

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